MÓNICA GÓMEZ página 2. Continúa de la primera página

El precio de las rosas

Miró por la ventana hacia las dos rosas rosadas y el pimpollo que, orgulloso de su fuerza de recién nacido, mostraba un color rojo que le recordó los ramos que su padre le traía a su madre religiosamente la mañana siguiente. Nunca lo entendió pero simplemente ocurría...

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Lo que la sangre no logró

Necesitaba este trabajo como nada en el mundo. Su marido Armando sólo hacía changas que apenas alcanzaban para costear el cuartito donde vivían en la casa compartida con otros....

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Lo que la sangre no logró II

La mujer subió ágilmente la escalera, seguida de Claudia, que curioseaba todo. Un dormitorio enorme, otro igual de grande, con las paredes forradas de más libros....

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Viva la vida I

-¡Vivan los novios! –gritaban al compás de la música. Bailaban grandes, chicos, abuelos, todos. Todos, menos dos personas....

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Viva la vida II

Gabriel se acomodó mejor en el sillón,disponiéndose a escuchar los males de la adolescencia de Marcela....

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Carmela

Todavía entredormida sintió el calor de su cuerpo pegado al suyo. Cerró los ojos y revivió la noche anterior, mientras él miraba jugar a San Lorenzo, su adorado equipo de fútbol, y ella jugaba con Gracielita....

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¿El camino soleado o el túnel?

Iba yo lo más campante caminando por la vida, siguiendo esta senda que me llevaría a concretar mis objetivos, a experimentar, a disfrutar y vivenciar lo bueno y lo malo, como todo el mundo. Sin embargo, de repente, el camino se abrió en dos....

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La Cita

“Mujer sola de 35 años, atractiva e inteligente, busca hombre de entre 30 y 50 años para relación con fines serios.” Después de escribir más o menos unas veinte posibilidades, se quedó con ese texto, que no decía demasiado y así la protegía un poco más....

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El cajón de la basura I

Cuando Andrés salió a fumar, seguro no se imaginaba lo que estaba por descubrir. Su mamá odiaba el humo del cigarrillo, por lo tanto, lo tenía prohibido dentro de su casa....

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El cajón de la basura II

-Bueno, yo tengo una excelente relación con mi ex mujer –comenzó. Nos encontramos regularmente un par de veces a la semana.
-¿Tienen relaciones sexuales? ....

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El cajón de la basura III

Fue fácil ubicar al tal Germán a través del celular de Gisela que la policía encontró dentro de la bolsa de basura en la cocina....

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Santiago

Mágicamente, como sucede en el relato, Mónica Gómez y Sergio Cilla unieron sus talentos y escribieron “Santiago”, una historia en forma de diálogo que nos conducirá por los maravillosos caminos de la fe, la esperanza, y la ayuda al otro. No te la pierdas.

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Mirada

Los bancos que flanqueaban las paredes de la sala estaban repletos de público expectante y sorprendido. En el centro, como en un cuadrilátero de box, habían dispuesto una mesa rectangular de pino claro. De un lado estaba sentada ella, envuelta en un vestido rojo tan largo que sus pies quedaban escondidos bajo un ruedo que se adivinaba irregular....

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El portero I

Eran las 6.30 cuando Mabel apagó el despertador por segunda vez y se levantó de mala gana, volviendo a sentir esa angustia que le oprimía el pecho....

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El portero II

Mabel estaba dura y muda ante la confesión amorosa de Lucho. No sabía qué hacer ni qué decir y el hecho de estar en camisón la puso de golpe en una situación incómoda....

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Ángeles

Con una compostura perfecta Verónica se puso de pie y se dirigió a la cocina a prepararse un té. El Dr. González Menta, amigo de la familia, acababa de recetarle antidepresivos. Su profundo orgullo no se lo perdonaría jamás. ¿Ella con depresión? No, ella estaba simplemente triste, sólo que nadie la entendía, ni su marido ni sus tres hijos adolescentes. Recordó algo que había encontrado en un libro que la estaba ayudando a ver las cosas desde otro lugar: “Cada vivencia tiene un sentido y una finalidad. Nada es inútil si aprendemos de ello.”...

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¡Al fin! I

La luz de la calle asomaba por el ventanal reflejando las espaldas desnudas tendidas sobre la cama. El cuarto olía a rosas como siempre....

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¡Al fin! II

Los amantes continuaron su vida clandestina. A decir verdad, en un principio ambos pensaron que se les pasaría pronto. O quizás lo desearon....

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¡Al fin! III

Leo y Cecilia se sentaron a hablar.
-Creo que entre nosotros no hay más nada –arrancó Cecilia.....

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La cocina

-Como todas las mañanas, puso la pava sobre el fuego y sacó una feta de pan lactal de la bolsa. Pensándolo mejor, volvió a sacar otra.

-No, no es para ninguno de ustedes –dijo a Carlotta, la labradora y a los dos gatos que le rondaban-. Hoy, para festejar mi cumpleaños me preparo dos tostadas en vez de una-. Los animales suspiraron y volvieron a sus almohadones a seguir durmiendo...

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El hombre del tren

Eran las siete de la mañana de aquel día soleado y con tanta luz, que lo último que tenía era ganas de ir a pasar el día en mi oficina gris y marrón, compartiendo tareas con otros seres igualmente oscuros y deprimentes. ¿Por qué será que el trabajo toma todas las horas de sol? Debería ser al revés. El tiempo libre tendría que estar ubicado en las horas de sol. Podríamos trabajar de tardecita, dormir de madrugada y luego disfrutar del día. Cierto era que yo no tenía mucho que hacer fuera del trabajo. Desde que quedé viudo cinco años atrás, vivía encerrado en mi casa y en mí...

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La Manzana

Se encontraba Eva en un claro del bosque paradisíaco juntando flores para decorar su cueva. Ocupada con las malvas silvestres y las petunias, no vio que se acercaba una serpiente.

-Hola mujer, ¿quién sos? –preguntó el animal.
-Soy Eva, la hija preferida de Dios.
-¿De quien?
-De Dios, de mi padre. ¿Acaso no escuchaste hablar de él?
-Ah, sí, aquél que hizo al hombre... -respondió la serpiente.
-No es verdad, ¡primero me hizo a mí! –aseveró con suficiencia.
-No es lo que se dice por ahí...

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Mirada fatal

Mariel había entrado al bar para resguardarse de los nubarrones grises que traían una llovizna fría. Estaba esperando a su amiga Camila y se suponía que irían al cine pero ya se estaba haciendo tarde. Se sentó en una de las mesas junto a la ventana, para poder tener la vista de la esquina donde se habían dado cita. Fue entonces cuando lo vio, sentado en la mesa de enfrente, ese par de ojos azul intenso que contrastaban con la barba castaña y que le quitaron la respiración con una sola mirada. Casi absorta estaba cuando sonó su celular.

-¿Dónde estás, nena? –contestó.
-Ay, disculpame, Marie –se escuchó del otro lado una voz afilada y sufriente –estoy en el baño con una diarrea que no doy más. Pensé que se me iba a pasar pero-
-Qué mal. Pobrecita, no te preocupes. ¿Necesitás algo?
-No, no. Acá está mi vieja conmigo.
-Ok, que te mejores, te llamo más tarde.

Dejó el celular al lado de la taza de café cortado que había pedido y volvió a los ojos azules que pasaban de ella a una pila de apuntes...

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La medallita

Silvina estaba espléndida. Hoy era el día que ella esperaba ansiosa en que su mamá la llevara a casa de ‘la nena rica’ como le decía. Vivía en esa casa enorme de la esquina, tenía un año más que ella y en cada cambio de temporada, le regalaba una gran bolsa de ropa y juguetes. El hecho que fueran usados era un detalle que en la mente de diez años de Silvina era en efecto una ventaja. Ella se sentía afortunada de poder usar la misma ropa que usaba la nena rica, sólo que un año más tarde porque tenía que esperar a crecer para que le quedara bien. Es increíble cómo el punto de vista puede hasta cambiar una realidad.

La mamá de Silvina era una mujer joven, con una vida llena de dolor y lucha. Su marido se había perdido en alguna noche de borrachera y jamás volvió, dejándola sola cuando la nena tenía apenas tres añitos. Desde entonces, María trabajaba donde podía, limpiando inodoros si era necesario para poder pagar la piecita donde vivían con la mayor dignidad posible. La visita a la casa de la señora rica era también una fiesta para ella porque ver feliz a su hija era lo que más feliz la hacía...

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Parecen humanos, pero no lo son

Estimados señores, ¿ustedes quieren saber que hago acá y por qué decidí presentarme por mi propia voluntad? Paso a explicarles.

Soy una mujer de cuarenta y dos años que por motivos de trabajo, tuvo que vivir en distintos países y continentes, dentro de comunidades con culturas muy diversas. Sin embargo, en todos los rincones del globo, encontré el mismo tipo de personas: quienes parecen humanos pero no lo son. Ahora bien, esa frase pareciera aludir a la mala gente, o sea asesinos, torturadores, psicópatas, mafiosos, pedófilos. Pero esos – los malos – son pocos...

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Recuerdo

Como si se descorriera una neblina, el paisaje que se propone es encantador. Una hierba verde fresca termina en un abrupto acantilado que da al mar. La mujer está de espaldas, mirando hacia la inmensidad fluctuante, vestida con una larga túnica marrón. Lleva un delantal blanquísimo y la cabeza cubierta por una cofia. ¿Será una monja? Sale de su estado de contemplación y corre hacia la casa. La enorme mansión aparece medio oculta entre un bosque. La joven sube apresurada por la escalinata y al entreabrirse el gran portón la recibe una anciana, vestida como ella...

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Ventanas

Nunca creí que extrañaría mi antigua casa pequeña y acogedora. O sí, quizás sí. ¿A quién estoy engañando? ¿Cuántas veces expresé mi amor incondicional hacia esas montañas de colores cambiantes según el momento del día, que surgían imponentes por mis ventanas? Inclusive la del baño, debo decir. Estar sentado en un inodoro y ver el exquisito panorama de montañas no es cosa de todos los días. Y lo extraño, sí. ¿Y qué? La nueva casa es más amplia, cómoda y silenciosa porque está en medio de un campo con unas lomas suaves y verdísimas. Tiene unos dormitorios que podrían considerarse salones de baile pero que sólo sirven a que mi tristeza y mi nostalgia tengan más espacio para danzar en mi corazón. Desde sus ventanas huecas, se ve una pared gris y aburrida...

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