Pedido otorgado ~ Mónica Gómez

¿Existirán los milagros? ¿O será una jugarreta de la mente? En la primera parte de este relato un tanto fantasioso, Mónica Gómez nos invita a preguntárnoslo.

Pedido otorgado

Caminaba por la fría ciudad con su congoja a cuestas, con una frustración y desesperanza que parecían acentuar la oscuridad de los cortos días de invierno. Esa tarde pesada salía de la milésima entrevista de trabajo, después de varios meses de búsqueda. Nadie le daba respuestas, ni sabía qué dirección tomar. Tenía una esposa y un bebé a quienes mantener y aunque su casa era propia, la mala situación económica se le venía encima hundiéndolo en la desesperación. Nunca rezaba pero en ese momento, saliendo del edificio, miró al cielo nublado diciendo: “Por favor, Señor, dame una señal”.

Al atravesar la plaza, sintió que el peso de su abatimiento lo invitaba a sentarse. Si no hubiera estado tan cabizbajo -pensó después - no hubiera notado ese paquete debajo del banco de madera.
También más tarde fue que consideró que había cometido una locura, porque podría haber sido una bomba. Pero en su momento ni se le cruzó por la cabeza. Simplemente le llamó la atención la caja de cartón muy blanca pegada con cinta transparente. Sin preguntárselo, la tomó y la abrió.
Lo primero que saltó a sus ojos fueron varios paquetes, como regalos envueltos en diferentes tipos de papel.

Uno de color verde brillante lo atrajo antes que los demás y con suma curiosidad lo desenvolvió.
Contenía un cuaderno, de ésos de tapas duras en color violeta con unas pinceladas doradas. No era de tamaño común, era más bien pequeño y nuevísimo, con hojas rayadas y por cierto, muy bonito.

Envuelto en papel de diario encontró un pequeño cofre de madera, decorado con unas piedritas brillantes. Adentro, sobre un fondo de felpa bordo, cobijado en algodón, había un corazón rojo intenso. Marcelo se maravillaba ante cada objeto. A medida que los iba sacando de la caja, los colocaba sobre el banco, fascinado por su descubrimiento.

Tomó el siguiente paquetito y lo desenvolvió encontrándose con una campanita, que dejó salir su din don. Marcelo sonrió y se sorprendió con el último paquete que, envuelto en capas de papel madera, contenía un simple caramelo.

Sólo cuando hubo sacado todos los objetos, notó que en el fondo de la caja había una nota, escrita en un bello papel con bordes plateados. El texto comenzaba así:

A quien encuentre esta caja

Sintió que esas palabras iban dirigidas a él. En definitiva, era su vista que había encontrado la caja.
Siguió leyendo:

Ante todo, perdonate a ti mismo por haber abierto un paquete que no te había llegado en mano, porque la realidad es que esto es para tí. Y solo para tí.

Marcelo se sobresaltó. ¿Le hablaban a él? ¿Quién? Instintivamente miró a su alrededor, pero no había nadie.

Continúa aquí con el desenlace de este relato: Pedido Otorgado II

Mónica Gómez

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