Aspirinas -Parte 6 ~ Mónica Gómez

Carlo se comporta como si nada y Carla, luchando con sus sentimientos hacia él al enterarse que ha estafado a tanta gente de su pueblo, intenta hacer lo mismo, para lo cual sugiere ir a una cena-show con el propósito de evitar conversar con él.

Si no leíste la primera parte, comienza aquí: Aspirinas – Parte 1

Aspirinas - Parte 6

En la cena-show a Carlo se le ocurrió pedir champagne, con lo cual entre la música y el alcohol, no había mucho espacio para comunicarse. Antes que las burbujas la diera vuelta, Carla fue al baño a controlar sus mails desde el celular. Cuando vio que tenía uno de Gerardo, bendijo a la tecnología. Su amigo le daba los datos de un abogado, con el cual Gianni, su pareja, había hablado y le había explicado ya todo el asunto. El abogado estaría esperando que Carla se comunicara con él para acompañarla a hacer la denuncia. El saber que estaba todo ya organizado le produjo una especie de náusea, pero debía reconocer que su amigo se había movido de excelente manera. Sólo contestó agradeciéndole y volvió a la mesa donde Carlo disfrutaba del show y de un postre de chocolate con almendras.

-¿Todo bien, princesa? –dijo entre la música -. ¿Se te pasó el dolor de cabeza?
-Sí, sí, muy eficientes tus aspirinas.

En ese momento la música se tornó latinoamericana, y sin pensarlo, saltaron de la mesa a la pista. Carlo se divertía como un adolescente y Carla daba vueltas como en un sueño, sabiendo que ése podía ser el último momento de risa y disfrute entre ellos. Quería llorar, gritar, abrazarlo y matarlo. Todo junto. Por momentos seguía dudando, esperando que un milagro cayera del cielo demostrándole que era un error, que Carlo era ése del cual ella estaba enamorada y nada tenía que ver con un ladrón. Sus sensaciones y pensamientos bailaban a la par de la música como en una coctelera. Hasta hubo un instante que pensó en escaparse con él, con tal de no perderlo. Por suerte la locura duró segundos. La imagen de su hijo era más fuerte que todo. El momento de pausa de la orquesta la trajo de nuevo a la realidad.

-Mañana tenemos la salida para hacer snorkeling –le recordó Carlo con alegría-. Vas a ver, te va a encantar.
-Sí, sí, estoy ansiosa por hacerlo. ¿A qué hora? ¿Cómo es la cosa?
-A las 9 tenemos que estar en el muelle y una lancha nos lleva a un lugar donde está lleno de peces para observar. Ah, no sabés qué lindo es.
-¿Y es todo el día la excursión?
-No, no, volvemos al mediodía.

Esa noche Carla hizo el amor a medias, como se sentía, escindida en un dolor que le quemaba las entrañas. Quería morderlo, de amor y de odio. Ansiaba estar con él y que el tiempo se detuviera allí mismo. A la vez, fantaseaba con atarlo a la cama y ahogarlo con las bolsitas negras. Por fin, Carlo se durmió. Pero ella no.
Toda la noche la pasó entre llanto de tristeza, rabia, y dudas. ¿Cómo podía denunciar al hombre que amaba? Pero había visto ella misma la evidencia. ¿Cómo podía fallarle a su gente? A su vez, sabía que si lo denunciaba no volvería a verlo. Varias veces salió al balcón. Se sentía ahogada en su desesperación y la brisa del mar envuelta en la pálida luz del cuarto menguante parecía acunarla entre las olas. Así pasó la noche hasta que amaneció.

Cuando Carlo se levantó cerca de las ocho, la encontró vomitando en el baño.

Continúa aquí con la parte 7 de este emocionante relato. Aspirinas – Parte 7
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Mónica Gómez

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