El cajón de la basura ~ Mónica Gómez

Mónica Gómez nos propone nuevamente un relato policial en el cual una mujer es brutalmente asesinada. La sorpresa, el dolor y el reclamo de justicia de parte de sus seres queridos abundan en esta primera parte. ¿Quién puede haber cometido semejante acto?

El cajón de la basura

Primera Parte

Cuando Andrés salió a fumar, seguro no se imaginaba lo que estaba por descubrir. Su mamá odiaba el humo del cigarrillo, por lo tanto, lo tenía prohibido dentro de su casa. Estaba preparando un examen difícil y necesitaba la pausa. Aprovechó para estirar las piernas y salió a caminar hasta la esquina. De repente, en medio del silencio que envolvía la hora de la siesta, escuchó una especie de lamento. Prestó atención. La calle estaba desierta y se dio cuenta que el ruido provenía del tacho de basura, ése del reciclado que la comuna había puesto hacía poco. Se acercó pensando que podía ser algún animalito caído en desgracia. En cambio, casi se desmaya al levantar la tapa y ver un brazo humano que salía de una bolsa negra. La ambulancia llegó enseguida y se llevó a la joven mujer, que falleció camino al hospital. “Alguien la mató a golpes, literalmente”, dijo el médico de guardia con sólo verla.

Eran las trece horas cuando Lucía se dio cuenta que su hermana Gisela no la había llamado como todos los días durante su pausa de almuerzo. El celular estaba fuera del área de cobertura y cuando llamó a la oficina, una compañera le dijo que había faltado sin avisar. Lucía, alarmada porque su hermana no era de hacer esas cosas, corrió a su departamento, del cual tenía la llave. Esperaba encontrarla dormida o, quién sabe, con ese chico Germán que conoció hace unos meses.

Gisela vivía sola desde que se separó de Pedro. Después de tres años de noviazgo y cinco de matrimonio, “la llama de la pasión se extinguió, ¡que le vamos a hacer!”, según ellos mismos decían. Casi sin darse cuenta se fueron transformando en hermanos y por esa misma razón, después de la separación, se siguieron viendo y mantenían una buenísima relación, entre ellos y con sus familias. Por eso mientras iba hacia la casa de Gisela, Lucía llamó a Pedro a ver si sabía algo y le dejó un mensaje. Cuando entró a la casa de su hermana, lo primero que vio fue dos tazas de desayuno. Esto confirmaba su teoría de que había pasado la noche con Germán pero extrañamente la cama estaba vacía y deshecha de un solo lado. Al abrir la puerta del baño se encontró con un espectáculo atroz. Salpicaduras de sangre por donde mirara y, lo más aterrador, una huella ensangrentada de la mano de su hermana sobre la puerta. Desesperada, volvió a llamar a Pedro, que esta vez atendió. Él a su vez llamó a la policía que llegó inmediatamente y comenzó a investigar.

A los pocos minutos llegó Pedro, horrorizado con la escena. Le dijo a la policía que él había desayunado allí esa mañana.

-Ay, Lucía, ¡qué horror! ¿Qué sabés vos?
-Nada... espero que no le haya pasado nada...
-Ay, Dios mío, por favor –dijo Pedro dirigiéndose a un oficial-. Descubran dónde está.
-Sí, por supuesto, para eso estamos y necesitamos de ustedes. Usted, señor, es la última persona que vio a Gisela así que se dará cuenta que eso lo convierte en sospechoso.
-Ay, oficial –acotó Lucía- Pedro jamás haría daño a mi hermana. Por favor, no pierdan el tiempo.
-Entienda, señora, que sospechar es parte de nuestro trabajo, De todos modos, necesito que me acompañen para tomar las declaraciones formales de ambos.
-Por supuesto, oficial –dijo Pedro con serenidad- es lógico. Yo estoy absolutamente disponible.

Lucía y Pedro fueron llevados a declarar, por separado.

...

Continua aquí con: El cajón de la basura, parte 2

Mónica Gómez

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