Aspirinas -Parte 1 ~ Mónica Gómez

En esta novela breve en 8 capítulos, Mónica Gómez nos presenta un relato en donde la codicia vence sobre la razón, pero la razón vence sobre el amor. Sus protagonistas, Carlo y Carla, despliegan un sinfín de emociones y actitudes que llevan al lector a sumergirse en sus pensamientos.

Aspirinas

Carlo lucía su prominente panza sobre el traje de baño azul con rayas blancas ridículamente pequeño. Carla lo contempló con ternura mientras hundía sus pies en la arena blanquísima que se extendía hasta las olas azuladas y espumosas. Ni ella misma sabía por qué lo amaba tanto ni qué había en él que la atrapaba de tal modo que hacía un año vivía pendiente de sus atenciones.

En un primer momento les pareció divertido llamarse igual, aquel día que se conocieron en Drinks, uno de los pocos locales nocturnos de San Giuseppe del Monte, la pequeña localidad donde vivían, distante unos doscientos kilómetros de la fascinante Roma. Carla sabía quién era él. Todos lo conocían porque ostentaba un puesto importante en la sucursal de uno de los bancos más antiguos y estables de Italia. Lo que la confundió fue que él no usara alianza, pensó que era separado, y cuando le contó que era casado y tenía cuatro hijos, ya había caído irremediablemente bajo sus encantos, ésos que aún no podía definir pero que la hacían vibrar de emoción con sólo una mirada o una palabra.

Carla llevaba a cuestas una historia triste. Tenía un hijito de nueve años, Emanuel. Cuando quedó embarazada, su esposo desapareció dejándola sola. Carla se refugió en sus padres que la apoyaron en todo momento pero a los pocos años, su padre murió repentinamente de un ataque al corazón así es que Carla quedó sola con su madre y su hijo. Gerardo, un viejo compañero de escuela, le había ofrecido un trabajo en su negocio de muebles, en el momento en que Carla más lo necesitaba. Era eficiente, responsable y cumplidora y Gerardo necesitaba alguien que trabajara a su par así que no dudó, después de un tiempo, en hacerla socia. Desde entonces, además de trabajar juntos se habían transformado en íntimos amigos. Gerardo era gay, en una sociedad formada en su mayor parte por campesinos con mentalidad arraigada al siglo pasado, o al anterior. Por lo tanto era solo Carla quien conocía de su relación de varios años con Gianni, un abogado de Roma. Dada la confesión y el secreto que ella guardaba, fue natural que él a su vez fuera la única persona que sabía de su relación clandestina con Carlo.

-Vos conocés a mamá. Se muere si se entera que salgo con un hombre casado.
-Sí, no te preocupes –había sonreído su amigo-, yo te cubro cuando haga falta. Igual, no entiendo qué le ves a ese tipo.
-Tampoco yo puedo precisarlo, pero es dulce, tierno… es la primera vez que me siento…
-¿Enamorada? –la escrutó Gerardo levantando una ceja.
-Y, sí –confesó riendo.
-Bueno, mi vida –contestó él con ese gesto de la mano tan suyo-. ¿Qué te puedo decir? Ojalá no te haga sufrir.
-Mirá que Carlo es un buen hombre. Sé de muchas familias a quienes ayudó facilitándoles préstamos. Todo San Giuseppe habla bien de él. Es un tipo honesto, trabajador-
-Sí, sí –interrumpió Gerardo–, pero yo no me refiero a eso. ¡Yo te digo que es casado y tiene cuatro hijos! –enfatizó.
-Según él, la esposa sólo está con él por dinero. Y eso a él le duele.
-Ay, pobrecito –se burló Gerardo ante la mirada fulminante de su amiga-. ¿Para qué le compró el Porsche entonces?
-Ah, sí, ¿viste? La tipa anda dando vueltas en Porsche entre los tractores –rió Carla-. Pero te explico algo – agregó volviéndose seria-. Él siempre dice que se va a separar, pero yo no pongo expectativas en eso. Ya sufrí demasiado y lo que agradezco hoy por hoy es vivir el presente.
-Eso me parece muy bien. Ojalá te dure.

Y le había durado. Porque en el fondo Carla sabía que no tenía un futuro con él, más allá de ser la amante clandestina. Pero ella sabía disfrutarlo. Gerardo la cubría cuando Carla le decía a su mamá que se quedaba trabajando hasta un poco más tarde o cuando veía a Carlo en medio del día.

-Hola, Gerardo, soy Luisa –llamaba por teléfono.
-Sí, Luisa, ¿cómo anda?
-Todo bien, me pasas con la nena, por favor.
-A su nena la mandé a ver un cliente. Cuando vuelva le digo que la llame. ¿Pasa algo serio?
-No, no… era por llamarla nomás.

El trabajo y esas pocas horas con su amante eran lo único que la ocupaba fuera de las necesidades de su hijo, ya que era una mamá atenta y presente. De hecho ésta era la primera vez que lo dejaba y Gerardo también la cubrió inventando que la mandaba a una exposición de muebles en Milán. Luisa, una mujer simple crecida entre campo y montaña, le creyó sin dudar.

Continúa aquí con la parte 2 de este emocionante relato. Aspirinas – parte 2
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Mónica Gómez

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