Diferencias II ~ Mónica Gómez

Dicen que el amor es más fuerte. Pero contra algunos prejuicios no puede, sobre todo porque hay personas que prefieren tener razón... Así continúa la historia entre Jazmín y Cristian.
Si no leíste la primera parte, comienza aquí: Diferencias I

Diferencias II

Después de escuchar las opiniones preocupantes de sus padres, Cristian respondió.

-Entiendo todo lo que me dicen porque yo también me lo pregunté.
-Entonces, ¿qué haces al lado de esa chica? –preguntó su padre sin ocultar su preocupación.
-Nos amamos más allá de todo y de todos. Realmente, parecen palabras nomás, pero es así. Yo no quiero perderla y – aunque resulte increíble – ella tampoco quiere perderme.

Todos quedaron mudos. Jamás escucharon a Cristian hablar de ese modo.

-Y bueno, hijo, sos grande ya. Si sos feliz, ¿qué puedo decirte? –lo abrazó su madre.
-¡Gracias, vieja!

Los demás no dijeron nada pero de algún modo, asintieron.

La entrada de Cristian en la casa de Jazmín no corrió la misma suerte. La madre, apenas lo vio, miró hacia otro lado y se fue, ignorándolo completamente. El padre y el hermano, Julio, se sentaron frente a él con actitud desafiante.

-Mirá, Cristian –empezó Aníbal- hace bastante que te conozco y siempre te juzgué como una buena persona. Pero ahora, decime, ¿qué pretendés de mi hija?
-Nada, don Aníbal, no pretendo nada, no le pido nada. Sólo quiero amarla –agregó mirándola.

Julio, que no había logrado hablar como Jazmín, hizo unas señas en la cara de Cristian.

-Mi hijo dice que no te hagas el tonto –aclaró Aníbal.
-¡Me ofenden! –exclamó Cristian.

Más señas y sonidos guturales.

-Vos no tenés un peso y mi hermana es heredera de un imperio –tradujo Aníbal agachando la cabeza.

-Dígame, don Aníbal –dijo Cristian poniéndose de pie-. ¿Usted piensa lo mismo?
-Mirá, yo sólo quiero que mi hija no sufra.
-Entonces, ¿vos también dudás de él? –preguntó enojada Jazmín.
-Bueno, no... es que...

La entrada de Verónica, la madre de Jazmín, los interrumpió.

-¿Qué pasa acá? –preguntó desde sus labios finitos. Era de baja estatura pero su aire de superioridad la hacía parecer un león-. ¿Cuándo se va esta persona? –agregó señalando a Cristian.
-¡Ya! –gritó Jazmín- ya mismo nos vamos, los dos.
-Mirá, Jazmín –la amenazó Verónica con su índice fino y largo- si te vas con él, olvidate de nosotros, de nuestra fortuna, de todo.
-¿Qué decís, Verónica? –Aníbal se agarró la cabeza.
-¿Pero acaso no te das cuenta lo que quiere esta persona? –gritó a su marido-. Dinero, sólo dinero.

Julio asentía a cada palabra de su madre.

-¡No es verdad, señora! –la increpó Cristian.
-Mire, mocoso insolente, yo soy una mujer grande y no voy a permitir que usted venga a cuestionarme.
-¡Papá, por favor, decí algo! –le rogó su hija, llorando.
-Hijita... no sé...

Verónica aprovechó la usual debilidad de carácter de su marido.

-Te vuelvo a repetir, si te vas con él, llevate tus cosas y no vuelvas nunca más. Se cierran las puertas de esta casa para vos.
-¡Cómo no! Ya mismo me voy –contestó Jazmín saliendo de la habitación.
Su madre la agarró de un brazo como para obligarla a mirarla a los labios.

-No quiero verte por acá ni por la empresa- le dijo.

Jazmín no contestó. Furiosa, fue corriendo escaleras arriba a su cuarto a preparar las valijas.

Cristian la llevó a vivir a su casa. Menos mal que su habitación era lo bastante grande como para que entraran todos los petates de su novia, tres valijas de ropa, una de carteras y zapatos y accesorios y un enorme bolso con productos de perfumería. En el ropero, de donde Blanca sacó su ropa de fuera de temporada, convivieron los vestidos de Dior con las únicas tres camisas de vestir que tenía Cristian, de los negocios del barrio, claro.

-No va a aguantar esta vida, vas a ver –comentaba Blanca a su marido.
-Sí, yo creo lo mismo, en cualquier momento se vuelve.

Por eso fue tan shockeante cuando a los pocos meses anunciaron que se casaban.

Continúa aquí con la tercera parte: Diferencias III

Mónica Gómez

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