Re-encuentro – parte 4 ~ Mónica Gómez

Luciana se encuentra con la madre de Juan Luis en la plaza. La señora Chela está con su nieto y Luciana está por descubrir qué sucedió con la vida sentimental de su antiguo novio, aquél que la había dejado por ser homosexual y que luego se había casado con una mujer. Con este final inesperado – o quizás no tanto – la autora nos deja reflexionando sobre la realidad que yace en nuestros corazones.

Si no leíste la primera parte, comienza aquí: Re-encuentro I

Re-encuentro IV

-Sí, sí, Juan se recibió –comentó su madre-. Y fue a los pocos meses que conoció a Francisco-. Chela hizo una pausa y sonrió.
-¿Francisco? –preguntó Luciana.
-Sí, su pareja. No sabés cómo se enamoraron. Te juro –dijo poniéndose la mano en el pecho- me hacía acordar a ustedes cuando eran chicos y reían tanto. ¡A estos dos grandulones les sale la alegría por los poros!
-¡Qué lindo...!
-Y sí, nena, al final era gay nomás –rió Chela.
-¿Y el nene?
-Bueno, esperá que sigo. Francisco es arquitecto y está en muy buena posición. Tiene una casa hermosa y Juan se mudó con él. La pareja se fue afianzando cada vez más y quisieron tener un hijo así que adoptaron. No fue fácil, porque quisieron hacerlo todo legalmente. Tuvieron que esperar tres años pero finalmente llegó Bruno a la familia. Es una criatura maravillosa... ¡no porque sea mi nieto!
-Nooo, claro –dijo Luciana riendo.
-Desgraciadamente la familia de Francisco no quiso saber nada con que sea gay. Todavía hay gente que no comprende, ¿viste? Y lo más triste es que se están perdiendo al nieto. Pero bueno, ¡yo lo tengo todo para mí!

En ese momento Bruno vino corriendo.
-Bruno, esta señora se llama Luciana y es una vieja amiga de papá Juan.
-¿Por qué le decís vieja, abu? No me parece tan vieja –comentó estudiándola mientras ambas reían.
Al ver el movimiento, Flor también se acercó.
-Bruno, ésta es mi hija Florencia.
-Si querés jugar, te presto mi balde y mi palita –invitó la nena.
-Bueno –contestó él sentándose en la arena, a los pies de las mujeres.

-¿Vos seguís viviendo en Ramos? –quiso saber Luciana.
-Sí, pero vengo muy seguido y me quedo. Tienen una habitación para la abuela.

En ese momento sonó el celular de Chela. Era Juan que le avisaba que estaba llegando. Ella le contestó que estaba con Bruno en la plaza, que pasara a buscarla.

-¡Le va a encantar la sorpresa!
-¡Uy, no, ya me estoy emocionando! –murmuró Luciana.

A los pocos minutos, lo distinguió a lo lejos. Estaba igual, aunque más crecido, caminaba con un aire más seguro y se lo notaba sereno. A medida que se fue acercando, Juan vio que su madre charlaba con alguien. No era extraño, ya se había hecho conocida de medio barrio. Pero... a esa chica la conocía. ¡No lo podía creer!

-¡Lu! –le gritó antes de llegar mientras apuraba el paso.
-Sí, soy yo –le salió decir inútilmente.

Se dieron un abrazo apretado, emocionado, y no faltó alguna lagrimita.

-¡Qué lindo encontrarte! Veo que tenés una nena... ¿dos? –dijo mirando a Flor que jugaba con Bruno y después al bebé en el cochecito.
-Sí, estoy muy bien. Y no te gastes en contarme nada, que tu mamá ya me contó absolutamente todo.
-¡Claro, más bien! –dijo Chela recogiendo los juguetes- y ahora vamos a casa que les preparo unos mates como en las viejas épocas.

Juan y Luciana presentaron a sus respectivos maridos y comenzaron a compartir salidas y fines de semana.

Era un domingo cualquiera. Francisco había encendido el fuego estrenando la nueva parrilla que había comprado para el quincho. Julio, el marido de Luciana le daba consejos, ya que era un experto asador. Chela estaba en la cocina con Bruno y las nenas y Luciana estaba sirviendo vino a los asadores cuando apareció Juan con la guitarra.

-Ho sbagliato tante…
-…volte ormai che lo so già –se apresurò Luciana.
-Ah, ¡te la acordás todavía!
-¡Cómo olvidarla! –rió ella.
-Uy, ¡cómo joden éstos con esa tana! –dijo Julio mirando a Francisco que asintió con cara de resignación.
-¡Amor! –llamó Juan- sabés que estuve pensando que quiero que nos casemos con música de Ornella de fondo.
-¡¿Se van a casar?! –gritó Luciana entusiasmada.
-Sí, sí, el año que viene. Y más importante que la música –sonrió Francisco con complicidad- es ver si nuestros amigos aquí presentes aceptan ser los testigos.
-¡Pero claro, felicidades! –dijo Julio, abrazándolo.
-¡Y yo voy a ser la madrina! –rió Chela mientras se acercaba a la mesa balanceando una enorme fuente de ensalada.
-Y vos vas a ser la damita de honor –dijo Juan a Flor levantándola en brazos.
-¿Yo con Jime?
-No, vos sola –susurró en su oído. –No digas nada, pero sos mi sobrina preferida...
-¡Te quiero, tío! Mamá, me tenés que comprar un vestido nuevo para el casamiento de los tíos –exclamó Florencia ante la risa de todos.
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Mónica Gómez

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