Los Reyes ~ Mónica Gómez

En Argentina, el 6 de enero, los Reyes Magos traen regalos a los niños. Hoy Mónica nos presenta un relato de una esperanza trunca que une cruda realidad con ternura.

Los Reyes

-Nena, tengo que hablar contigo -dijo María a su hijita Berta.
-Sí, mamá, decime- contestó alegre la pequeña-. ¿Es sobre los Reyes Magos? -esbozó con una sonrisa acompañada de mirada chispeante.
-Eh... sí, lamentablemente, tengo que decirte la verdad-. Berta permanecía expectante pero percibía malas noticias-. Los reyes magos, los que traen regalos el 6 de enero, en realidad son los padres. Y bueno, ya sabes que este año papá está sin trabajo y no vamos a poder comprarte nada. Lo siento tanto...

La pequeña quedó tan shockeada que ni atinó a contestar. Simplemente agachó la cabeza, mismo gesto que hizo su madre mientras retomaba sus quehaceres.

Berta se refugió en su muñeca favorita y la abrazó lo más fuerte que pudo.
-No llores, Rosita –le habló-. Yo estoy segura que la magia de los reyes sí existe y que no se van a olvidar de nosotras. ¡Por algo son magos! ¿No? ¡Y encima Reyes! Al menos unas golosinas o un pañuelito podrán dejarnos.

Algunas veces había sospechado que los reyes eran sus padres, pero es que estos magos también traían regalos para ellos. No tan importantes como los de ella – había recibido muñecas, libros de esos que tienen dibujos que saltan, bebés que toman mamadera – pero nunca había faltado algún tabaco o corbata para papá o un lindo perfume o collar para mamá. Como fuera, algo la impulsaba a seguir creyendo, y cuando llegó la noche del 5 de enero, Berta fue sigilosamente a dejar los zapatos en el alféizar de la ventana del comedor, junto con un balde de agua para los camellos. Era tanta su ilusión que hasta les dejó unas cuantas de esas galletitas que tanto le gustaban, las de leche. Pensó que los camellos estarían contentos de encontrarlas.

Cuando apenas abrió los ojos la mañana siguiente, corrió a ver. El balde había desaparecido y el plato con galletitas estaba arriba de la mesa del desayuno, pero los zapatos estaban intactos, vacíos...

Se asomó por la ventana y se dirigió al cielo azul iluminado por el sol pesado del verano porteño. –¿Ni un caramelo? –espetó enojada. Justo en ese instante una nubecita pasajera pareció sonreírle, guiñale un ojo y decirle: “Ya lo tendrás, Berta, ya lo tendrás todo”.

Y la niña le creyó.

Mónica Gómez

If you liked this page, follow us on Facebook, like us, and give us your comments. Your comments make us grow, thank you.

Si te gustó esta página, síguenos en Facebook, dános un like y tus comentarios. Tus comentarios nos hacen crecer, gracias.