Aspirinas -Parte 5 ~ Mónica Gómez

A escondidas de Carlo, Carla habla con su amigo Gerardo, quien le da más detalles sobre la estafa realizada por Carlo y le asegura que le conseguirá un abogado que la ampare.

Si no leíste la primera parte, comienza aquí: Aspirinas – Parte 1

Aspirinas - Parte 5

Después de hablar con su amigo Gerardo en el balcón, Carla entró en la habitación justo cuando él salía del baño.
-¿Que dijo Gerardo? –preguntó como al pasar mientras se refregaba el pelo con una toalla.
-Nada, cosas de trabajo –contestó intentando disimular.
-¿Como anda San Giuseppe sin nosotros? -preguntó divertido.
-Sin ninguna novedad –contestó ella entendiendo que él intentaba sonsacarle información-. Me voy dar una ducha yo ahora.
-Y ponete bella que vamos a cenar –dijo él tirándose en la cama y encendiendo el televisor.

Bajo la ducha se puso a llorar otra vez. ¿Cómo podía ser? No podía creer que ese hombre del cual ella creía conocer toda la ternura y el afecto hubiera sido capaz de robar de esa manera. Porque robar por hambre, robar por tener una vida digna, es una cosa, pero él, ¿qué necesidad tenía de destruir la vida de tantas personas? Para colmo, eran esas mismísimas personas las que lo habían ayudado a crecer, sus coterráneos, sus tíos, sus padres, sus hermanos. Por un momento, pensó en ella misma. ¿Qué hacía en medio de todo esto? Pasó de la rabia al susto. Tenía que actuar con mucha inteligencia para que él no sospechara nada. Cerró la canilla y escuchó el televisor de fondo. Algo deportivo. Lo imaginó tirado en la cama con el control remoto en la mano y volvió a enternecerse. Era Carlo, ese hombre que tantas veces le había mostrado su faceta dulce e infantil. Y quizás eso era lo que la había enamorado. Salió del baño con la confusión instalada en su ser.

-Ah... cómo me gustás cuando estás bañada y perfumada –repitió él como tantas veces –vení que te quiero decir algo.
-¿Si? –se movió como una autómata hasta la cama. Él la tomó de la mano, se la besó y la atrajo hacia él.
-Vos quizás creas que yo simplemente te digo cosas lindas –comenzó con expresión muy seria–, pero yo quiero que sepas que realmente te amo. Nunca conocí una mujer como vos. Mi esposa, ya lo sabés –movió la cabeza como negando–, no tiene nada que ver conmigo. Ella sólo piensa en el dinero y por estarle atrás hasta he cometido graves errores, lo admito.
-¿Qué errores?
-No, no vienen al caso. Digo que es una mujer que no me lleva por el camino por el cual quiero ir. Pero después apareciste vos en mi vida y te prometo algo: en cuanto resuelva algunos problemas que tengo, te voy a dar todo lo que te merecés, desde lo afectivo, a lo material. Todo.
-Yo no quiero nada material, Carlo –dijo con lágrimas en los ojos.
-Ey, ¿qué pasa, princesita? No me llore –la abrazó.

Ella adoraba cuando le decía ‘princesita’ pero esta vez sintió como una puñalada en medio del corazón. ¿Qué le estaba diciendo? La confundía cada vez más. Por suerte, Carlo se levantó de un salto, como cambiando de tema.

-Bueno, vamos a cenar.
-Sí, vamos. ¿Qué te parece si vamos al restaurante que hace cena – show? –sugirió Carla pensando que eso ayudaría a no tener que hablar.
-Lo que usted diga, mi princesa.

Continúa aquí con "Aspirinas -Parte 6".
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Mónica Gómez

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