Mar Turquesa-Capítulo 7 ~ Mónica Gómez

Resumen del capítulo anterior: Leticia, instalada en la casa de su amiga Marina en un pintoresco pueblito del sur, intenta comenzar a relajarse. Marina y su esposo le ofrecen ayuda para que se quede, aunque no es fácil conseguir la residencia europea para un sudamericano. Además, ella teme que su marido permanezca en Italia y la encuentre.

Si no has leido el principio, comienza aquí: Mar Turquesa – Capítulo 1

Mar Turquesa

Capítulo 7

La semana siguiente fue difícil. Leticia tenía pánico de que Roberto se diera cuenta de que estaba viva. A través de su madre, sabía que todavía estaba en Roma y las noticias hablaban de que seguían buscando sobrevivientes, aunque sin éxito.

En esos días, Marina la ayudó a buscar ayuda lega. Contactó a una asociación para mujeres golpeadas - que funcionaba dentro de un importante bufete de abogados - cuya presidente era una letrada muy famosa, la Doctora Grazia Buonamicci. Se puso en comunicación por mail, y recibió una llamada telefónica de una mujer que, con mucha paciencia y cordialidad, la invitaba a una entrevista en la sede de Nápoli.

No sólo Marina la acompañó, sino también Miguel.
-Buenas tardes, soy Leticia Rodríguez, tenía una entrevista... –se presentó tímidamente.
-¡Un placer conocerte, Leticia! Soy Giulia, una de las abogadas de la asociación. Me alegro que estés acompañada –acotó mirando a Marina y Miguel –es importante que tengas apoyo, sobre todo los primeros tiempos.
-Nosotros estamos para eso, doctora –agregó Miguel.
-Lo que ustedes todavía no saben, que acabamos de decidir, es que defenderemos a más de 2.000 pasajeros de la nave.
-Ah... –comentó Marina- escuché que la empresa había ofrecido una compensación de once mil euros por persona...
-Exacto, y varios grupos de personas contactaron a la Dra. Buonamicci porque les parece una humillación vergonzosa. Así que hemos tomado el caso –contestó la mujer satisfecha y orgullosa-. Te cuento esto, Leticia –agregó sonriéndole- para que sepas cómo estamos comprometidas con esta desgracia. Así que, quedáte tranquila que resolveremos tu caso con la mayor profesionalidad. No volverás con ese hombre, no te preocupes.
-Gracias –contestó Leticia emocionada.

La reunión fue un éxito. La ayudarían a hacer los documentos necesarios como para quedarse en Italia, bajo una nueva identidad, para evitar que el marido pudiera encontrarla. Le conseguirían incluso un trabajo para que así las autoridades pudieran otorgarle el permesso di soggiorno, o sea, una especie de permiso de residencia que luego se iría renovando hasta que – pasados los seis meses – pudiera pedir la ciudadanía italiana.

Leticia no lo podía creer. Estaba feliz y sus amigos también. En esos días de febrero, el invierno recrudeció. Una ola de frío siberiano azotó toda la península y a quince días del naufragio, anunciaron que se suspendía definitivamente la búsqueda de desaparecidos, que ya después de tantos días, eran obviamente cadáveres.

-¡Nena! Recién me llamó que se vuelve –le contó alegremente su madre.
-¿Cuándo?
-Sale mañana a la noche de Fiumicino y llega pasado en un vuelo de Aerolíneas. Le dije que lo iba a buscar al aeropuerto.
-Ah, ¡que alivio!
-Sí, sí, quedate tranquila que yo me encargo. Ya le dije que en unos días me voy a Córdoba, a la casa de mi amiga Rita. Para tomar distancia.
-Perfecto, mamá.

Roberto llegó a Buenos Aires y siguió con su vida. Durante unos meses llamaba cada tanto a la madre de Leticia hasta que el contacto se diluyó y ella no volvió a saber nada de él.

Leticia comenzó una nueva vida en Italia, bajo el nombre de Laura Vespucci. La organización de la abogada tuvo en cuenta que sus amigos eran su sostén principal y le consiguieron un trabajo en Lioni, en la misma fábrica donde estaba Miguel, en espera de una vacante en algún jardín de infantes de la zona. Leticia - Laura – estaba feliz haciendo nuevos amigos y con las puertas abiertas a un futuro que nunca hubiera imaginado.
Poco a poco fue olvidando todo el sufrimiento que había soportado con Roberto y llevando una existencia tranquila y normal. De quien nunca se olvidó fue de Pasquale Molisano, que estaba cumpliendo su condena, y de todas las víctimas a las cuales les debía su libertad.

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Esta historia de ficción está inspirada en la tragedia de la nave Costa Concordia, ocurrida en enero de 2013 en el Mar Mediterráneo. Está dedicada a todas las víctimas. Quise imaginar algún resultado positivo entre tanta desgracia.

Mónica Gómez
Lioni, febrero 2019

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