Microrrelatos: El Abuelo ~ Sergio Cilla

Sergio Cilla comparte con nosotros Microrrelatos, una serie de cuentos cortos que podrás leer en dos minutos y que seguramente te dejarán reflexionando. En esta entrega: El Abuelo, un abrazo de la vida.

El Abuelo

Ramiro bajó las escaleras con cara de dormido, refregándose los ojos. El abuelo levantó la vista de su lectura y le sonrió.

-Buenos días -le dijo observándolo de arriba abajo. Ramiro estaba descalzo y su única vestimenta eran sus calzoncillos.

-Hay café, fruta, tostadas, huevos, ¿qué prefieres? -siguió mirándolo y no pudo más que recordarse cuando él mismo tenía quince años, y también era tan delgado que podía hacer gala de sus costillas.

-Cualquier cosa, abuelo -Ramiro hizo una pausa y se sentó, tomándose la cabeza con las dos manos-. No pude pegar un ojo anoche. ¿Tenían que echarme así de casa?

Gerónimo corrió una silla y se sentó junto a su nieto. Le tomó la cabeza y se la besó con mucho cariño.

-Ahora estás con el abuelo -lo consoló, sintiéndolo vulnerable, y recordando también cómo él se sentía con sus padres a esa misma edad.

-Al menos tú pudiste decírselos -agregó Gerónimo luego de una pausa extensa, en la que se quedó acariciando la cabeza de su nieto y trayendo el pasado a su memoria.

-Sí, claro -respondió Ramiro de manera arrebatada-. Tienen que saberlo, soy su hijo… pero… ¿a qué te referís, abuelo? ¿Qué es lo que no pudiste decirle a tus padres?

-No lo sé… -Gerónimo se quedó pensativo-, o quizás sí, y no tengo ganas de recordarlo. Pero de lo que estoy seguro es de que yo hubiera querido ser una persona diferente.

-Estás igual que yo… eso me pasa por querer decir la verdad -agregó Ramiro, casi sollozando, pero con cierta bronca-. Pero ya me tenían harto con eso de si me gustaba una chica de la escuela, o si el corte de cabello me hace más cara de varón o no. Pareciera que tienen un conflicto con eso. Las cosas tienen que ser negras o blancas para ellos.

El abuelo sonrió, y la memoria se hizo vívida y presente rápidamente. Él habría querido ser un bailarín. De niño se imaginaba volando por los escenarios. Esa era su representación de la libertad. Pero nunca se había animado a decirlo, y tampoco nunca le habían preguntado.

-Los padres muchas veces tienen miedo, Ramiro -agregó el abuelo-. No pueden con sus propias vidas, no están seguros de sí mismos, de lo que ellos mismos quieren y están haciendo. Menos aún se sienten capacitados para lidiar con los grises de los hijos.

Gerónimo pensó que debía agregar que eso, igualmente, no les daba derecho para echar a un hijo de su casa. Pero se calló y no habló más, y le dio un abrazo tan fuerte, que Ramiro no pudo seguir quejándose de sus padres.

Así estaba todo bien. El mundo era mucho mejor en brazos de su abuelo.

Sergio Cilla

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