El Color de la Conciencia: Las Masas II ~ Sergio Cilla

Siempre vemos estrellas luminosas parpadear en el universo, siempre hay algún foco que se vuelve a prender, y por más pequeño que sea, trae un poco de esperanza a este mundo. Sergio comparte con nosotros la continuación de El Color de la Conciencia, con Las Masas, y quizás la muerte de Samantha no fue en vano…

Previamente en el Color de la Conciencia:
La noticia apareció en los diarios de todo el mundo a la mañana siguiente. Un avión repleto de representantes económicos de distintos países del mundo se había hundido en el océano.

“No podemos darnos el lujo de que haya gente que pueda cambiar conciencias, ni que haya otros vulnerables que se permitan dudar. Todos tienen que morir.” Había discutido el presidente en una conferencia telefónica con otros colegas internacionales.

La mujer oriental, los guardias de seguridad, los choferes, todos a bordo del avión. Todos debían desaparecer. Y ahora habría que buscar otro método para tomar decisiones. “Tal vez un grupo más reducido,” pensó el presidente.

El Color de la Conciencia: Las Masas

Si no leíste la parte 1, puedes comenzar aquí: El Color de la Conciencia: Las Masas I

Parte II

“¿Cuál fue la moción que hizo que Samantha cambiara su voto?” Fue la pregunta que Ángela le hizo al representante del gobierno cuando estaban en el auto camino a la escribanía. Estaba impresionada por el despliegue que habían generado. Adelante iba el chofer y el representante. Atrás, Ángela sentada en el medio con un hombre de seguridad de cada lado. En frente, podía ver otro auto negro como en el que iba, al igual que uno atrás, pero no tenía idea cuánta gente iba adentro, ni quiénes eran.

La pregunta le intrigaba. Ahora todo le cerraba, aunque seguía perturbada por el sueño que había tenido. Desde que se había enterado de la historia por boca del presidente, Ángela había comenzado a sentir compasión, y las palabras “el color de la conciencia” seguían resonando en su cabeza.

“Yo no manejo ese tipo de información,” había sido la respuesta del representante. Y Ángela inmediatamente sintió una sensación muy extraña y dijo: “Bueno, pero algo imagino podrás deducir de todo lo que pasó. Después de todo, ¿qué importa si me entero de algún secreto? Me lo llevaré a la tumba.” Y se sonrió y lo miró con complicidad.

Ángela se sentía desconocida. ¿Ella tramando algo y haciéndose cómplice, cuando era la persona más frontal y transparente en el mundo? Pero las palabras le venían a la boca como si fueran dichas por otra persona. Miró la hora en el reloj del auto y eran las 11:11. Había arreglado la reunión en la escribanía para las 11:30. Hasta por un momento empezó a sentir como una sensación de comodidad, de familiaridad, como si fuera Samantha que estaba hablando por ella. “Algo sospecharás…,” agregó.

“Bueno, sí, yo escucho cosas todo el tiempo, pero no me involucro con nada, no es mi tema. Sólo me preocupa asistir al ministro.” Y Ángela inmediatamente pensó: “otro de la masa.”
“Sé que el planteamiento tenía que ver con la idea de aumentar la pobreza, e invertir más en tecnología para tratar de que los jóvenes estén cada vez más dominados por las redes sociales, y así …” Justo le sonó el teléfono, y Ángela pensó: “Así las masas pueden ser conducidas más fácilmente… suena lógico. Menos herramientas intelectuales, pueblos más pobres, menos educadas, pero más informatizadas… es coherente.”
“Lo que no entendí bien, y que escuché al ministro hablar con el presidente, fue que parece que tu amiga los confundió a todos cuando mencionó el color de las conciencias.” Y con esta frase emitida por el representante del gobierno cuando terminó su llamada, Ángela se sintió habilitada para todo, como si hubiera tenido súper poderes dormidos, y la frase se los hubiera despertado.

Fue un segundo que estacionaron, y varios hombres de negro se bajaron de los tres autos, cuando Ángela sintió que estaba siendo conducida por una fuerza externa, por algo o por alguien más, que su vida cobraba otro significado, que Samantha había querido hablarle a través del sueño, y que ella no podía tener el mismo destino, y que tenía que generar el cambio. En ese mismo segundo, Ángela sintió que la mejor solución era vencerlos con la misma estrategia que ellos usaban. “Al poder se lo vence con el conocimiento,” pensó.

Ángela se soltó del brazo de uno de los hombres de la custodia, pateó al otro en el tobillo, y comenzó a correr desesperadamente por la calle en dirección a la universidad donde ella trabajaba, que estaba sólo a cuatro cuadras.

El despliegue fue impresionante, como en las películas de Hollywood que a Ángela tanto le encantaba mirar, sólo que era ella ahora la protagonista. Corría a una velocidad increíble, y a pesar de que era perseguida por seis hombres que se hablaban por auriculares entre ellos, y vaya a saber con cuántos servicios de seguridad más, nada la detenía. Ni siquiera la gente, a pesar de que gritaban que era una ladrona y que debían detenerla.

No sabía qué le estaba pasando, pero se sentía como transportada por una nube que estaba conducida por Samantha, y que con una sonrisa de orgullo le decía: “Yo sabía que este era el color de tu conciencia.”

Ángela trepó los escalones de la universidad justo en el momento en que los alumnos de su clase salían junto a Renato, un colega suyo del departamento de comunicación. Se mezcló inmediatamente entre el gentío y los agentes se quedaron unos segundos inmovilizados, sin saber qué hacer.

“Atención, atención a todos, por favor.” Se escuchó la voz de Ángela, mientras se paraba sobre un banco que estaba en la entrada. Comenzó a hablar con un tono de voz bien alto, como si fuera un político dando un discurso, y de a poco no sólo sus alumnos se fueron acercando, sino varios docentes, otros alumnos de otras carreras, y empleados de la universidad.

“Me ven agitada porque venía caminando y hablando eufóricamente con los agentes del gobierno, que están aquí, y que me acompañaban porque quería darles a ustedes dos noticias importantes que ayer compartí con el presidente de la nación. Sí, sé que están todos sorprendidos. Yo también. Pero ustedes saben que, además de enseñar sociología acá, también dirijo las empresas del grupo de mi amiga que acaba de fallecer. Y por eso fue mi reunión con el presidente, porque quise pedirle personalmente que simplificáramos los procesos legales para que todo el dinero que se genere de la venta de las empresas se dedique a un fondo para invertir en la educación pública. Por supuesto que el Sr. Presidente, dotado de esa maravillosa bondad que lo caracteriza, aceptó con mucha alegría. Justamente venimos de la escribanía, donde todavía miembros del ministerio de economía están firmando los papeles. Pero también le pedí al Sr. Presidente reservar un pequeño fondo, y ahora les voy a contar para qué.”

La multitud aplaudía a Ángela con mucho entusiasmo, y su colega, Renato, estaba con su teléfono grabando todo y saliendo en vivo por una señal de radio.

“Y esto tiene que ver con la segunda noticia que hoy quiero darles. Estoy segura de que en alguna clase alguna vez les hablé del padre primordial que gobierna la masa, la multitud, la muchedumbre y que ansía la extrema autoridad, y por eso el poder de ese gobernante es irrestricto. Para que una democracia funcione, debe existir una fuerza opositora que lo regule, y el Sr. Presidente accedió a que utilicemos parte de esos fondos para formar un partido nuevo, que se llamará Anti-M, y será la fuerza que se oponga a la M de masa, y espero que varios de ustedes estén dispuestos a formar parte de nuestras filas, ya que Anti-M reunirá a los pensadores, a los que no nos movemos por las emociones, sino por el raciocinio, a los que nos ganamos nuestros derechos trabajando o estudiando, y no siendo hijos de la elite ni de los poderosos. Un movimiento cuyo objetivo principal sea la inversión total en educación, porque un pueblo educado es un pueblo que genera su propio alimento, se auto-abastece de sus propios recursos, es un pueblo sano, y sólo se moviliza por los valores del hombre. Un movimiento que siempre recordará a mi amiga Samantha, que falleció en el accidente aéreo. Un movimiento que se identificará por el color de nuestras conciencias.”

Y Ángela continuó arengando a la multitud que la filmaba y posteaba en vivo su discurso por las redes sociales.

Ángela había encontrado la manera de que ella y su familia sobrevivieran. Al menos por un tiempo. Aunque ahora se había colocado del lado del poder, como un miembro de la elite.

Fin

Sergio Cilla


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