Un Hombre como John ~ Sergio Cilla

Jackie miraba la escena y no podía creer lo que estaba ocurriendo. Sus amigos en la sala de estar, junto con otra gente del pueblo; su madre sin una copa en la mano y sonriéndole; una fiesta sorpresa para su cumpleaños número cincuenta. ¿Quién la había planeado? ¿Su madre? Imposible. ¿Stephanie, su mejor amiga?, se hubiera delatado sola. ¿Pero qué estaba pasando?

-          ¡Pero qué cara de sorprendida! Vamos todos a abrazarla -gritó Alice, su madre, mientras Jackie seguía petrificada junto a la puerta.

Jamás hubiera esperado una fiesta sorpresa, y menos organizada por su madre. Alice era de esas mujeres que tenían su vista muy posada sobre su propio ombligo, y jugaba a ser la madre abnegada y sacrificada en el pueblo. Entonces, una fiesta sorpresa era la excusa ideal para seguir revelando cuánto le importaba su hija.

Era el 19 de agosto de 2014, y los pocos amigos que se podían tener en un pueblo tan pequeño como Rock Hall estaban todos celebrando el cumpleaños de Jackie.

Jackie trabajaba con su madre en una pequeña y antigua heladería, que a la vez también servía el té y algunas delicias de repostería casera, en una esquina del pueblo. Rock Hall, considerada la perla de la Bahía de Chesapeake, en Maryland, era un pequeño pueblo con una playa, una reserva y una marina, que atraía turistas de varios puntos del estado, básicamente en los fines de semana del verano.

Alice había comprado el negocio, que originalmente había servido como botica, cuando Jackie era pequeña y se habían mudado desde Carolina del Norte. Nunca pudo entender las razones por las que su madre había decidido dejar su pueblo natal, y menos aún de dónde había sacado el dinero para comprar el negocio, cuando siempre había sido una modesta camarera en un Diner.

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El negocio funcionaba bastante bien en el verano, ya que servía como atracción turística, porque Alice lo había conservado como estaba en sus orígenes, hacia casi 100 años. Pero luego llegaba el invierno, y abrían unas pocas horas para el desayuno y hasta la tarde, y con pocos clientes y hartas del aburrimiento, Alice y Jackie vivían peleándose continuamente.

Cada una de esas peleas terminaba en el mismo punto irresoluto en sus vidas: ¿quién había sido el padre de Jackie? De todos los defectos que Alice tenía, podría decirse que su mayor virtud era su capacidad para seducir y para disfrazar lo que no quería contar. Pero, en cambio, cuando quería que algo se supiera, era la mejor narradora en todo el condado de Kent.

Básicamente, lo único que Jackie había logrado saber con seguridad en todos estos años, era que su madre le había puesto ese nombre porque siempre había estado enamorada de John Fitzgerald, y que su esposa, Jackie Kennedy, siempre había sido su fuente de admiración, pero de envidia al mismo tiempo.

Miles de veces le había relatado lo que había vivido ese 22 de noviembre de 1963, cuando el entonces presidente de los Estados Unidos había sido asesinado en Dallas. Alice se había hundido en una tremenda depresión, y se había quedado congelada frente a un televisor por días enteros. Sufría a la par de Jackie Kennedy, “si es que la viuda había sufrido tanto”, como muchas veces decía, como insinuando que Alice amaba a John F. incondicionalmente, y que su esposa estaba sólo interesada en el estatus y en el dinero. “Se le pasó rapidito el dolor y se buscó otro millonario”, había comentado una vez.

-          Vamos todos a brindar ya -gritó Alice, que ya no veía la hora de comenzar con el alcohol y empezaba a sentir que, como siempre, ya Jackie estaba llamando mucho la atención con esa actitud de nenita dulce y cariñosa, cuando era una cincuentona-. A ver… vamos, vamos, todos tomen una copa… brindo por la salud de mi bella hija, que nunca ha conseguido un buen marido porque tiene una mamá que la cuida demasiado.

Jackie observaba a su madre y sabía cómo iba a terminar todo. Ya ni siquiera se ruborizaba más por ese tipo de actitudes y comentarios. Sin embargo, sí temía lo peor, y era hora de hacer que la fiesta terminara, y que su madre se alejara de las botellas.

Acompañó al último de los invitados y cuando entró a la cocina ya Alice estaba sentada con la cabeza apoyada sobre la mesa. La botella de tequila a un costado, y un vaso todo volcado. Jackie comenzó a juntar todo cuando de pronto su madre la tomó por el brazo con mucha fuerza.

-          Hoy vas a tener el regalo que siempre quisiste -le dijo su madre, con una voz ronca y áspera.

-          ¿De qué estás hablando, mamá? Vamos a la cama, yo luego junto todo -le dijo Jackie mientras trataba de soltarse de la mano de su madre.

-          Hoy vas a saber quién fue tu padre -arremetió Alice en un tono desafiante.

Jackie cayó desplomada sobre una silla. Muy a pesar de que sabía que su madre le había ocultado detalles toda su vida, la identidad de su verdadero padre era algo que la seguía confundiendo.

-          El 23 de noviembre, al día siguiente de la muerte de John -comenzó a relatar Alice, inclinándose hacia atrás en la silla, mientras se servía otra copa de tequila-, un hombre alto y apuesto entró al Diner. Era la primera vez que lo veía. Le serví café con unos huevos revueltos y volví a sentarme frente al televisor. Mi vida estaba perdida, ya nada tenía sentido, pues el único sentido que había tenido hasta ese momento era la posibilidad de conocerlo algún día, y ahora ya estaba muerto.

Jackie no sabía cómo reaccionar. Miraba a su madre con una mezcla de odio, rencor, pero de pena al mismo tiempo.

-          Cuando el hombre terminó de comer se levantó se acercó y comenzamos a conversar. Se llamaba John, y poco a poco me fui dando cuenta que se parecía a mi John. Me sedujo completamente su forma de hablar, y cuando menos pude imaginarlo estábamos teniendo sexo sobre el mostrador. El Diner estaba completamente vacío. No había vuelto a entrar nadie desde el anuncio del asesinato del presidente.

-          No quiero saber más, mamá -la interrumpió Jackie.

-          Tienes que saberlo todo, siempre quisiste saberlo -continuó Alice, ahora hablando con una calma totalmente natural-. Yo sabía que estaba fértil y que podía quedar embarazada, pero no me importaba. Por momentos sentía ganas de llorar, y luego sentía un inmenso placer, como si mi John finalmente estuviera encima de mí, como si su reencarnación inmediata estuviera poseyéndome por completo.

-          Vamos a la cama, mamá -le dijo Jackie, mientras trataba de levantarla de la silla.

-          Yo sé que esto es duro, hija… ya termino -agregó Alice, ahora en un tono más melancólico-. No volví a verlo más. Al día siguiente pasé por el hotel del pueblo para ver si estaba hospedado ahí, y me enteré que ya se había ido. No sabía su apellido, ni de dónde era, ni a qué se dedicaba. Sólo sabía que era mi John, que había venido a despedirse.

Jackie finalmente logró tomar a su madre por los hombros y acompañarla lentamente hacia el dormitorio. Su grado de embriaguez le dificultaba el proceso. Pero Jackie estaba acostumbrada. Esto pasaba a menudo para cada cumpleaños. Su madre no toleraba que la atención estuviera puesta en Jackie, y siempre tenía algún artilugio para ser el centro de todo. Ya había escuchado tantas versiones sobre su posible padre, que no sabía cuál elegir. Podían ser tantos, y podía ser ninguno de ellos. En definitiva, lo único certero sobre su madre era de que había estado siempre enamorada de su John, y lo único cierto sobre Jackie era que siempre había vivido a la sombra de su madre.

Sergio Cilla

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