La Grilla: La Presentación ~ Sergio Cilla

Sergio Cilla comparte con nosotros La Grilla, la primera parte de un relato que nos introduce a la idea de que el pensamiento humano es la energía que afecta las relaciones en el planeta.

Parte I - La Presentación

Las luces bajaron por completo y la energía se cortó por unos segundos. Esos pocos segundos donde todo deja de funcionar, y el silencio se convierte en un sonido nuevo y diferente. Karen miró por la ventana de la cocina y vio cómo el cielo se estaba poniendo de un celeste diferente, más grisáceo, un color anormal. Se sacó el delantal y salió afuera y observó el horizonte.

Eran las 4 de la tarde de un martes de noviembre, y en una hora más comenzaría a oscurecer. Karen buscó las señales en el cielo, dos líneas en el horizonte en dirección noreste, y supo inmediatamente que el momento había llegado.

Entró corriendo a su casa, se sacó las pantuflas, se puso las botas, tomó una campera, y subió a su Jeep. Colocó el teléfono para hablar sin manos, y llamó a su esposo mientras partía a toda velocidad. Observó a los caballos al salir de la finca, y percibió que estaban poniéndose nerviosos.

-John, no te preocupes, y quizás esto sea una falsa alarma -le dijo Karen a su esposo por teléfono, pero con total naturalidad-. Voy a emitir un alerta de tormentas eléctricas una vez que llegue al comando meteorológico, pero en realidad, no sé qué va a suceder. Sólo te pido que busques a los chicos y todos regresen a casa lo antes posible.

John le dijo que se quedara tranquila, que hiciera lo que tuviera que hacer, que él se encargaba de los chicos y de la casa. En realidad, no hizo absolutamente nada, ya que no era la primera vez que esto ocurría. Cuando luego le consultaba a Karen sobre la falsa alarma, ella explicaba algo de una grilla, de algo atemporal, y de consecuencias que nadie sabía o entendía.

Karen era física cuántica y geofísica, y siempre se había interesado por la astronomía y la meteorología. Toda su vida y sus estudios estaban enfocados en el cielo, y en su relación con la tierra, y ella siempre decía que podía distinguir más allá de lo que el hombre común veía.

Ambos vivían desde siempre en Onancock, un pequeño pueblo de solo mil doscientos habitantes en Virginia, en la costa este de la bahía, muy cerquita del mar y a un poco más de tres horas de Washington DC.

Se habían conocido con John en una fiesta de cumpleaños cuando eran muy jóvenes, y no se habían separado desde ese día. John era maestro de escuela, y ambos combinaban sus trabajos con la limpieza de la casa, la crianza de los hijos, y la cocina. Aunque eran más las veces en las que John se quedaba a cargo de todo, porque para Karen, su trabajo era una mezcla de pasión y obsesión, y siempre tenía algún motivo por el que subirse al Jeep y salir corriendo. A veces cargaba a algún perro, o a algún hijo y se lo llevaba también, como si todo fuera una aventura.

Karen sabía que el momento había llegado, y no tenía idea de lo que iba a ocurrir, ya que era algo único desde que el hombre tenía conocimiento de cómo funcionaban las cosas en el firmamento.

Su trabajo de investigación se basaba en lo que ella llamaba “la grilla magnética”, a su entender, una red que rodeaba al planeta, y que comprendía una fuente de energía con la que el cerebro humano y el ADN tenían conexión directa. Cada emisión -una idea, una sensación, o un pensamiento- enviaba una señal a esa grilla, que a su vez se conectaba con todos los habitantes del planeta, o mejor dicho, con cualquier otra fuente de energía.

Esta teoría había sido trabajada por algunos miembros de la NASA, pero había sido desestimada por falta de un sostén científico comprobable. Sin embargo, Karen, que tenía compañeros que habían investigado este tema anteriormente, insistía en lo que otros llamaban “una locura y una pérdida de tiempo”, y tenía sus sospechas que no era la única en el mundo que estaba trabajando este tema.

No obstante, el director del centro científico y meteorológico para el que Karen trabajaba sabía que esa teoría podía tener algo de cierto, y siempre encontraba la forma para derivar fondos para que Karen continuara trabajando en el tema.

En sus últimas investigaciones, había descubierto que había zonas con señales que se emitían con cierta discordancia, y que esto estaba afectando el funcionamiento de la grilla, algo que había funcionado desde los inicios evolutivos del homo sapiens.

Según comentaba, el hombre debería haber dado un salto cuántico en su evolución, y sólo un casi diez por ciento del planeta acompañaba el ciclo evolutivo previsto. Esto generaba discontinuidad en el nivel de energía, y una desaceleración de la masa evolutiva, que combinado con los movimientos y cambios en el universo podía traer consecuencias inimaginables.

Karen manejó durante una hora y media y llegó a su oficina en el Fleet Weather Center de Norfolk, del otro lado de la bahía. Su compañero de tareas la estaba esperando.

-Sabíamos que esto podía pasar -le dijo Henry, con quien trabajaba hacía más de diez años.

-Pero no teníamos idea de cómo, cuándo y de las repercusiones -respondió Karen, mientras se quitaba el abrigo, se servía un café y se acomodaba en su silla, frente a la computadora principal-. ¿Tenemos datos o novedades?

-Las señales en el cielo se divisaron en prácticamente todo occidente -comenzó a balbucear Henry-. No hay datos de oriente, pero no estamos seguros si no están pasando por lo mismo, o si lo están ocultando.

-Y por lo que veo en la pantalla, hay advertencia de tormentas fuertes en casi todas las grandes ciudades de occidente -agregó Karen, comenzando a sentirse un poco nerviosa.

-Sí. Y coincide con tu teoría, donde se concentran las masas -acotó Henry, que siempre sentía orgullo por trabajar con Karen.

-No sólo eso -comenzó a explicar Karen-, sino que últimamente tengo la sospecha de que este quiebre en la grilla se iba a producir por la extrema polarización que se está dando en occidente. Hay una necesidad del ser humano por estar de un lado o del otro de cualquier conflicto, y esto está generando una fricción inusual en la grilla.

-¿Pero entonces no va a haber una tormenta? -preguntó Henry, que se lo sentía un poco confundido.

-No -aseveró Karen-. Esto es sólo una manifestación atmosférica, que no pasará más allá de unos nubarrones. Los verdaderos cambios están por suceder. No tenemos idea si esto significa que la grilla se está acomodando a este nuevo paradigma, o si está dañada. Empecemos a buscar en las noticias. Según mi teoría, tienen que empezar a aparecer manifestaciones inesperadas.

Continúa leyendo: La Grilla II: Desencuentro

Sergio Cilla

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