La Grilla IV: Un Final Inesperado ~ Sergio Cilla

Sergio Cilla comparte con nosotros Un Final Inesperado, la cuarta y última parte de La Grilla, un relato que nos introduce a la idea de que el pensamiento humano es la energía que afecta las relaciones en el planeta.

Si no leíste la primera parte, comienza aquí: La Grilla I: La Presentación

Parte 4 – Un Final Inesperado

Karen se sentía decepcionada. Había pasado más de un mes desde el incidente en el cielo, y no veía ningún cambio significativo a nivel global. No había noticias de golpes de estado, revoluciones, accidentes, asesinatos en masa, o catástrofes generadas por el hombre. Sin embargo, ella sabía que algo estaba cambiando, podía percibirlo.

-Llamaron del Pentágono. Quieren una reunión contigo -Henry interrumpió sus pensamientos con una voz agitada.

“¿Del Pentágono?, pensó Karen, “esto está tomando matices inesperados.”

Horas más tarde se encontraba en una sala que parecía blindada, con varios militares y hombres de civil que nunca había conocido o sentido nombrar. Ni siquiera podía recordar sus cargos, y la situación la intimidaba por completo.

-¿Cómo podemos creer en sus teorías si usted comienza a hablar de intuición? Su intuición dice que “algo” está cambiando, pero usted no tiene idea qué es -le espetó el que parecía tener el cargo superior, y quien se había sentado a la cabecera, con un tono casi burlón.

-Estimados -comenzó a decir Karen, con su tono preferido, ante la posibilidad de estar tratando con un grupo de machistas e ignorantes, que daban todo por sentado, sin la mínima intención de interiorizarse realmente sobre lo que ella pensaba, o lo que había averiguado-, de la misma manera que hoy en día la humanidad descubre que en La Última Cena de Da Vinci podría haber una mujer representada entre los discípulos, algo que fue imposible de ver por el ojo del hombre durante quinientos años, hay muchas otras cosas que la humanidad cree y da por sentado, pensando que la opción de abrir el paradigma y estudiar aspectos que son evidentes para todos nosotros, es sinónimo de esoterismo. Y… ¿saben qué? En este momento me siento como una mujer hace trescientos o cuatrocientos años atrás, que por su condición de sabiduría, era considerada una bruja y había que quemarla en la hoguera.

Todos la miraron desconcertados, y Karen sintió que avanzaba varios casilleros, y que si seguía por ese camino, podría llegar a ganar el juego.

-La intuición es una habilidad que se desarrolla -agregó Karen con cierta sensación de placer al decirlo-, como cualquier otra habilidad, y creo que sería muy productivo para la humanidad si se hiciera un entrenamiento al respecto. La razón es una capacidad, y a través de la misma podemos elaborar juicios, y fundamentarlos, pero si no logramos incluir la intuición, la percepción, no avanzamos, nos quedamos en lo mismo que venimos estudiando hace miles de años. Y el planeta, y el universo son algo completamente diferente a lo que ustedes creen.

El silencio en la sala era total. Se notaba en sus caras que querían acotar, comentar o quizás preguntar, pero que no sabían cómo hacerlo. Karen había logrado colocarse en un lugar diferente.

-Por ejemplo, las religiones siempre quisieron poner a sus líderes en la categoría de dioses, o hijos del mismísimo Dios, sin siquiera tener una mínima idea hoy en día de lo que ser Dios significa. No, no hay dioses, no hay maestros, hay personas como yo, sí, como yo, que nos corremos de un lugar y comenzamos a ver el mundo de una manera diferente -dijo Karen, y tomó una bocanada grande de aire para continuar con sus argumentos, sin hacer una pausa-. El cerebro humano es la máquina mejor inventada, y que nada ni nadie podrá nunca superar. Se va actualizando constantemente, sin necesidad de descargar una aplicación o un archivo, y se va modificando con el tiempo para poder asimilar lo nuevo. Mi cerebro es igual al de ustedes, sólo que yo le permito mucho más, no tengo prejuicios, no doy cosas por sentado. Así que la próxima vez que alguno de ustedes quiera cuestionar mi trabajo, o las herramientas con las que trabajo, como por ejemplo, la intuición, les pido que se informen antes de emitir una opinión.

-No hay necesidad de insultarnos, señorita -agregó el militar superior, sintiéndose un poco humillado-, sólo queremos saber lo que está sucediendo. Hay muchas habladurías, que hasta llegaron a oídos del presidente, y necesitamos entender si esto es una cuestión de estado, si tenemos que estar preparados para algo más.

-A las 4 de la tarde del martes 13 de noviembre, se cortó o se redujo la energía eléctrica en casi todo el planeta, y el cielo tomó un color celeste grisáceo inusual, hasta que aparecieron dos líneas en el horizonte, en dirección noroeste. De acuerdo a mis estudios, esas líneas, que han aparecido varias veces en la historia de la humanidad, son la manifestación visual de la energía de la grilla magnética.

Todos se miraron con asombro, y Karen continuó el relato sin detenerse.

-La grilla magnética es una red que rodea el planeta, y que consiste en una fuente de energía con la que cada cerebro y cada ADN se comunica de manera directa. Cada uno de nuestros pensamientos, lo que cada uno de ustedes está sintiendo en este momento, se convierte en una emisión de energía que llega a la grilla. Y así es como todos estamos conectados. De acuerdo a varios textos literarios, esas líneas aparecieron en momentos de grandes cambios en el planeta, como por ejemplo, antes de la revolución francesa.

-¿Usted quiere decir que deberíamos esperar algún tipo de revolución en alguna parte del planeta? -preguntó el militar, con un gesto adusto de preocupación.

-No -respondió Karen, de manera contundente-. Las líneas indican discordancia en la emisión de energía, y esto tiene que ver con el ciclo evolutivo previsto. Durante los últimos veinte años, hemos entrado en un ciclo histórico caracterizado por el descorrimiento del velo, una expresión que se utiliza para indicar que el ser humano comienza a verse cómo realmente es. Eso genera muchas reacciones negativas, y la humanidad está más que nunca a la defensiva. Más de la mitad de la población del mundo no quiere ver lo que hay que ver. Quiere creer que todo es como se lo contaron. Pero, de pronto, podemos pensar que quizás hubo una mujer como apóstol, o muchas otras cosas más.

-Entonces… -interrumpió el hombre de civil que estaba sentado a su derecha-, ¿qué podemos esperar?

-Mi intuición me dice que la grilla se está acomodando al nuevo paradigma -comenzó a relatar Karen, de manera más tranquila-. Y que nada serio va a ocurrir, sólo algunos “corto-circuitos” entre los deseos, los pensamientos y las verdaderas manifestaciones.

Karen sentía, por primera vez, que estaba siendo escuchada, y decidió agregar más información.

-Parecía que la llegada del siglo XXI generaría un hombre nuevo, con un gran salto cuántico y evolutivo, una verdadera Era de Acuario. Sin embargo, y una vez que el velo comenzó a correrse, la mayor parte de la población del mundo sintió mucho miedo al cambio, y comenzó a adherir a las consignas del poder, que a través de un discurso conservador y patriarcal, que fomenta el orden y la disciplina, comenzó a encontrar seguridad, y a empezar a emitir una energía inesperada, intermitente.

Karen observó gestos de inquietud y de desconcierto en su audiencia.

-Para explicárselos de manera más gráfica: se abrió un portal hacia una nueva dimensión. Imaginen una puerta alta, gigante, que se abría, y por la que sólo pasaban los que no tenían miedo. En ese momento, un diez por ciento de la población accedió a atravesarlo, dando un consentimiento de manera implícita, inconsciente, por medio de emisiones de energía hacia la grilla. Ese diez por ciento evolucionó, y somos los grandes maestros de esta era, los que podemos ver más allá del límite del horizonte, porque nos permitimos, sin ningún tipo de prejuicios, desafiar la física convencional, y aceptar que el ser humano es mucho más de lo que puede verse.

Karen sintió que tenía que repetirlo.

-Somos sólo el diez por ciento, y esas dos líneas que aparecieron en el cielo, nos están invitando a que cada uno de nosotros aporte un granito de arena para que la humanidad, de una vez por todas, despierte.

Karen los miró con cierta compasión, sabiendo que tenían mucho para elaborar, o para negar, y se retiró sin siquiera saludar. Llamó a John. Hacía días que no veía a su esposo y a sus hijos, y sentía muchas ganas de abrazarlos y de salir a comer comida chatarra, todos juntos.

Sergio Cilla

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