Herencia oscura ~ China Contino


La China Contino hoy nos regala un cuento nuevo, “Herencia Oscura”, un relato que irrumpe en la historia de una familia particular de Buenos Aires, con desenlaces y ribetes inesperados.
Advertencia: el contenido del relato podría resultar de carácter impresionable para algunas personas.

Herencia oscura ~ Primera Parte

Los rumores sobre extraños robos comenzaron a propagarse por la zona. En el barrio de Flores hacía mucho tiempo que no ocurrían hechos similares. Eran varias manzanas de casas grandes y antiguas que supieron tener su importancia en otra época. Ahora con la depresión económica el lugar estaba un poco venido a menos. Eliseo vivía en una vieja casona con su padre. Trabajaban padre e hijo en un taller mecánico que alquilaban a unas cuadras de la vivienda. De esa manera afrontaban los gastos elementales de la supervivencia. Eliseo cursaba entonces el cuarto año de secundaria en una escuela nocturna ya que de otra manera hubiera sido imposible su concurrencia.

Nadie en el barrio hablaba de Nora, la madre de Eliseo, que se había ido de su casa cuando éste tenía trece años. Nadie entendía cómo desapareció sin dejar rastros, sin explicaciones y dejando a un niño y a un marido que la amaban tanto. Nora era joven, trabajaba en un negocio de Floresta como administrativa y parecía muy orgullosa de su familia y su trabajo. Nicolás, el padre de Eliseo, se volvió muy callado luego de la partida de Nora. Era muy duro sobreponerse a la ausencia y a los chismes que Nicolás adivinaba en las miradas de algunos vecinos. Eliseo trataba de no buscar respuestas que quizás era mejor desconocer. Tal vez su madre se habría enamorado de alguien más joven que su padre y…

El estudio era para Eliseo la forma de aprender y de compartir su amistad con otros estudiantes. Tenía dos amigos en el curso: Hebe y Bruno. Hebe era una alumna brillante y le gustaba mucho pintar. Bruno era un poco haragán pero Eliseo sabía cuánto lo quería y muchas veces lo ayudaba en Ciencias. Unos meses atrás, unos vándalos habían entrado a una iglesia cercana y destruyeron imágenes y robaron un Cristo pequeño que estaba en una vitrina de cristal. Antes de irse, escribieron blasfemias sobre el mantel del Altar principal y se encontró sangre humana regada en varios lugares. El párroco y los feligreses estaban asombrados. Los jóvenes del barrio no acudían generalmente a misa, pero siempre estaban presentes si había que colaborar con la iglesia.

Hebe cumplía años y su familia preparaba una fiesta para sus compañeros de la nocturna. Eliseo salía poco, no quería dejar solo a su padre mucho tiempo. De todas formas, prometió a Hebe estar presente en la fiesta.

La casa de Eliseo era grande, tenía dos dormitorios enormes y un cuarto más pequeño que había servido antes como habitación de servicio. Había también un ático al que se podía acceder desde la parte de atrás del jardín. El comedor y la sala eran espaciosos pero la falta de pintura y arreglos empezaban a notarse.

El cumpleaños de Hebe fue muy divertido y Eliseo disfrutó la reunión y se sintió muy cómodo con sus compañeros.

Al llegar a su casa a eso de las once y media de la noche de ese sábado, le pareció ver luz en la parte trasera del jardín pero al acercarse no vio nada extraño y lo atribuyó al cansancio. Eliseo prefería no subir al ático ya que allí se guardaban casi todas las pertenencias de Nora. Se acercó a la habitación de su padre quien se encontraba leyendo y lo saludó contento.

- “Hola papá. ¡Qué raro que aún estés despierto!”
- “Preferí esperarte y saber cómo lo has pasado Eliseo.”
- “Todo estuvo muy bien.”
- “Hace un rato escuché un ruido en el jardín pero debe haber sido algún gato vecino. A propósito Eliseo, ¿Me acompañarías mañana a la iglesia? El Padre Juan quiere hablarnos.”
- “Está bien papá.”

El domingo se presentó lluvioso y húmedo. Recién comenzaba octubre y la temperatura era muy fresca. Eliseo y su padre llegaron a misa de once, y al finalizar, se reunieron en la sacristía con el padre Juan.

- “¿Cómo estás Eliseo? Hace unos meses que no te veo por aquí.”
- “¿Qué tal Padre Juan? Como siempre, trabajando y estudiando lo mejor que puedo.”
- “Me alegro Eliseo. ¿Estás al tanto de lo ocurrido hace unos días?”
- “Sí, Padre. Me apena mucho que alguien cause tanto daño en un lugar religioso. ¿Han encontrado alguna pista?”
- “Pues no hijo. Si sabes de algo que ayude para que esto no vuelva a ocurrir, te ruego me tengas al tanto.”
- “Descuide Padre, se lo haré saber enseguida.”
- “Hasta pronto Eliseo. Cuida a Nicolás.”

Nicolás y Eliseo volvieron a su casa por las calles del barrio donde tantas veces lo habían hecho con Nora. A veces a Eliseo se le estrujaba el corazón por la tristeza pero siempre guardaba lo que sentía para no preocupar a su padre.

Las semanas siguientes fueron tranquilas y no ocurrió nada puntual.

Una madrugada, Eliseo se despertó muy afiebrado luego de una pesadilla. Creyó ver a Nora, su madre, caminando por el jardín con sus lindos ojos que brillaban y su cabello oscuro. Su voz susurrante le decía: “Eliseo, vendré pronto, seremos una familia otra vez…”

Caminó hasta la cocina con dificultad, en un estado febril y el cuerpo empapado en sudor frío. Tomó una aspirina y mucha agua porque la sed lo consumía. Volvió a su cama y le costó conciliar el sueño.

A la mañana siguiente todavía se sentía cansado y sin fuerzas pero debía trabajar y se prometió no hacer caso a sus sueños ya que prefería pensar en una madre contenta, en otra casa, con otro marido y tal vez otros hijos… Se sacudió la nostalgia y salió a la calle con su padre rumbo a su taller.

Los sueños comenzaron a aparecer y a formar telarañas en la mente de Eliseo. Su madre siempre estaba ahí, con su mirada intensa, rodeada por velas negras…

Cada día le costaba más trabajar y concentrarse en su estudio. Sus amigos lo notaban evasivo, inquieto, ajeno a todo.

Pidió a su padre que tomara un ayudante para no tener que ir al taller por un tiempo. Nicolás estuvo de acuerdo creyendo que se trataba de la escuela y los exámenes de final de año.

Hubo un nuevo suceso en la iglesia que sacudió a todo el barrio. A pesar de haber asegurado las puertas de acceso al lugar, alguien con mucha fuerza ingresó y tiñó con sangre de animales el mantel del altar mayor. Los restos de tripas de roedores y algunos pájaros a medio desplumar regaban el piso del lugar. El olor nauseabundo hizo casi imposible a la policía investigar a fondo y costó varios días limpiar la parroquia.

Continúa leyendo aquí: Herencia oscura II

China Contino

Fotomanipulación: Magaly Ávila.

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